Ayer fue un día de enorme alegría para las confluencias electorales en Cataluña, Euskadi, Galicia y País Valenciano, donde cosecharon un magnífico resultado: fueron la primera fuerza del cambio, quedando primeros en Cataluña y Euskadi, y segundo tras el PP en Galicia y País Valenciano. El caso de Euskadi se explica por la fortaleza de Equo en Araba, que renunció a las siglas a favor de confluir con Podemos. También quedó segundo en Madrid, donde cabe reconocer la gran fortaleza del proyecto en la capital.

Sin embargo, la satisfacción no fue la misma en el resto del Estado, donde Podemos se presentó en solitario. Al igual que ocurrió en las elecciones municipales, el éxito mayor de Podemos parece cosecharse más allá donde hay confluencias sólidas. Hubo una oportunidad histórica perdida, Ahora en Común, que fue rechazada por la cúpula de Podemos sin que se consultara específicamente a las bases (hubo una consulta parcial dónde sólo se daba la oportunidad de aceptar o rechazar una confluencia parcial, por lo que la estrategia de la cúpula parecía más bien tramposa). Para ser justos, cabe mencionar que hubo fuertes dificultades internas en IU para “aceptar” la ruta de la confluencia, que luego pasaron factura en la ruptura con Podemos. La “vieja guardia” de IU se resiste a adaptarse a los nuevos tiempos, donde deben primar los objetivos comunes frente a los “egos”. ¿No podría hacer IU como Equo?

Volviendo a las elecciones del 20D, si separamos los votos obtenidos por las confluencias (En Comú-Podem, Compromís-Podemos, En Marea e IU-Unidad Popular-En Común) de los votos obtenidos por Podemos (sumando sólo a Equo), vemos que la confluencia parcial (figura ‘a’) ha obtenido prácticamente los mismos votos que Podemos “en solitario”. La suma de todas las confluencias sería segunda fuerza en votos (figura ‘b’), aunque no en escaños debido a la circunscripción provincial. De hecho, el problema de la ley electoral fue uno de los principales motivos que impulsó a los movimientos sociales involucrarse más en la política (ver nuestras reflexiones de 2013 y de 2012 sobre la reforma electoral).

Para ello nacieron diferentes partidos-herramienta, como Democracia Participativa y Podemos (impulsado gracias a su cara visible y su bien estudiada estrategia), que pretendían encauzar los movimientos sociales para que se implicasen directamente en la política y que fuesen ellos mismos quienes liderasen el cambio demandado (incluyendo la reforma electoral). Para estas elecciones generales se estuvo trabajando por la confluencia estatal porque las confluencias desde abajo “multiplican” y pueden llegar a ser primera fuerza, como ya se ha visto en algunas regiones. Es decir, los votos de las confluencias no son la suma, sino que además se produce un efecto llamada a los indecisos (que suelen resistirse a apostar por el cambio).

Pero se ha perdido una oportunidad histórica. Con el presente escenario de confluencias parciales, restringidas sólo a unas pocas regiones, no se ha logrado el cambio político necesario para liderar la transformación del contexto socio-político actual. El PSOE parece un muy buen partido cuando queda por detrás de las confluencias ciudadanas. Sólo con una clara derrota al PSOE éste podrá aprender de sus errores y apostar por la transformación que demanda la sociedad. Ahora parece imposible que Podemos logre desactivar la testaruda cúpula del PSOE, que apuesta por la continuidad del sistema bipartidista actual. En cualquier caso, aunque Podemos intentase apoyar la investidura del PSOE a cambio de acordar un programa común, parece que no es posible sumar escaños ni por la “izquierda” ni por la “derecha”. Es decir, estamos en un escenario de práctica ingobernabilidad, lo cual nos empuja casi inevitablemente a otras elecciones.

Si Podemos e IU hubiesen aceptado la confluencia desde abajo (no desde sillones) que tanto pedíamos desde Ahora en Común, la confluencia hubiese sido segunda fuerza en votos y además los escaños sí hubiesen sumado para la gobernabilidad (173 frente a los 161 escaños actuales), con una transformación liderada por Podemos. Y eso sin contar el “efecto llamada“. Pero ahora nos encontramos en un escenario muy difícil, en el que la única forma de gobierno es que el PSOE apoye o se abstenga para investir al PP. Pero sabe que eso sería su “muerte” para dentro de 4 años, por lo que el PSOE optará por repetir las elecciones con la esperanza de que el bipartidismo salga fortalecido, dirán: “ante la incapacidad de los partidos emergentes para llegar a pactos”. Pero la realidad es que, tras esta oportunidad perdida, el bipartidismo podría salir nuevamente reforzado por nuestra incapacidad para confluir.

Lo supo explicar muy bien Manel Fontdevilla:

En mi opinión, no es tiempo de matices. Primero debemos unirnos para cambiar este sistema electoral tan injusto y luego ya tendremos tiempo de discutir sobre los matices en el parlamento, cada uno por su lado pero en igualdad de condiciones (con una representación proporcional, justa). Si finalmente se repiten las elecciones en marzo no podemos cometer el mismo error histórico!

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